Editando esta información...
Editando esta información...

Misión de Invierno 2009

20 de julio de 2009

“Fueron pues, a predicar, invitando a la conversión” (Mc. 6,12).

El Señor ha llamado a cada uno por su nombre, nos ha indicado el camino a seguir, Él se ha presentado a cada uno de distintas formas. Nos ha levantado todas las veces que ha sido necesario, acogiéndonos con los brazos extendidos, permitiéndonos poder quitar nuestro velo de los ojos y así ver con los ojos de Cristo. El Señor a iluminado de tal forma nuestras vidas que todo lo que ahora vemos se a tornado mucho más claro, es tan penetrante su amor, que con ella ha tocado nuestro corazón a tal punto de que es imposible guardarlo y no gritar a todos de que este amor infinito está en cada uno y que sólo basta acogerlo para darnos cuenta de su inmensidad.
Él nos invita cada día a proclamarlo con una fe capaz de derribar cualquier cosa que nos aleje de su camino. Esta misión de invierno ha sido una bendición para cada persona que ha participado de ella, hemos conocido a personas que abren sus puertas para dejar entrar a Cristo en su corazón, y que confían ciegamente en su misericordia, es por eso que cada momento vivido nos hace concientes de que esos corazones humildes y generosos son en los que mora el Señor.
En estos cinco días han sido misionadas familias, permitiendo recepcionar la gracia del Señor en cada uno de esos hogares. Nos han enseñado que en cada casa vive un misionero, que en su quehacer diario evangelizan, en su cariño para atender a todo aquel que entra en ella, en su sonrisa y cordial saludo, en su interés por aprender y difundir la grandeza del Señor. Sabemos también que se han cerrado muchas puertas, pero con esos pequeños gestos, con el trabajo de todos y por sobre todo la oración vamos a ser capaces de que cada una de esas personas sean concientes de la presencia del Señor. Es momento de proclamar a la luz del Evangelio, confiados en la Providencia de Dios y haciéndolo con total valentía.

María Joaquina Rocuant.