Misión de Invierno 209

Durante los fines de semana 10, 11, 12 y 17, 18, 19 de julio, nuestra comunidad desarrolló las misiones de invierno en la querida comunidad de la Capilla Sagrado Corazón de Jesús, de la Población Padre Demetrio Bravo. Fueron 6 días de un intenso Encuentro con Cristo, de compartir la Palabra de Dios y de entrega generosa
Misión de Invierno 2009

Misión de Invierno 2009

El Señor Jesucristo nos regaló durante estos días, la gracia de ser testigos del esfuerzo y dedicación de las peronas que nos abrieron sus puertas y su corazón a Cristo.
Hogar de Cristo

Voluntariado Hogar de Cristo

El sábado 23 de mayo 40 jóvenes de nuestra parroquia realizaron un emotivo trabajo de voluntariado en el Hogar de Cristo. Fue un día intenso de trabajo en el CIAM, lugar donde están los abuelitos que día a día llegan al hogar.
Hogar de Cristo

Voluntariado Hogar de Cristo

Fue un día en donde el Señor nos regaló la gracia de poder verlo en el rostro de los que sufren, fuimos testigos de que el Amor de Dios se hace presente cuando las voluntades se unen y trabajan para entregar alegría y dignidad.
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Quadragesima MMVIII (Cuaresma 2008)


Hermanos todos:

La cuaresma, como todos saben, es un período privilegiado de nuestra iglesia, en el cual se nos invita a preparar nuestro corazón para la celebración de los Grandes misterios de nuestra fe, los cuales celebramos durante la semana santa.

La cuaresma nos habla de conversión, caridad, arrepentimiento. La liturgia del miércoles de cenizas nos dice que, al signar a cada fiel con la ceniza, el sacerdote pronuncia la frase:

"Arrepiéntete y cree en el Evangelio"
o bien:

"Recuerda, hombre, que de polvo eres, y en polvo te convertirás"

¡Qué más gran recuerdo nos puede hacer la liturgia sobre la finalidad de este gran tiempo que habemos de comenzar este miércoles de ceniza!
La vida en la tierra es efímera, muy corta, y por eso mismo, debemos aprovecharla al máximo para cumplir con la voluntad de Dios, y así hacernos acreedores de la herencia eterna, junto a Dios Padre, en el cielo.

Como se habrán dado cuenta, hoy repartieron la cajita de cuaresma, una iniciativa de nuestros obispos desde hace muchos años. Muchos de nosotros entregaremos dinero para esta causa, a través de la alcancía....

Pero, quiero proponerles algo:

Pensemos lo siguiente:

1.- Creemos nuestra propia alcancía Espiritual, que dirá: Cuaresma de Fraternidad 2008
2.- Pensemos en todos los inconvenientes que hemos tenido con nuestros hermanos, tanto en la familia, como en el lugar de trabajo, como en el mismo grupo misionero
3.- Ahora, escribamos todos estos problemas, y formas de solucionarlos.
4.- Luego, hagamos oración con ellos... Pidamos al Señor que nos dé fortaleza para poder soportar las debilidades de los demás, y para aceptar a todos tal cual son.
5.- Finalmente, utilicemos esta cuaresma, para que entreguemos, voluntariamente, nuestro tiempo y esfuerzo en corregir todos nuestros problemas, arreglar discordias, perdonar y buscar el perdón, alcanzar la misericordia de Dios, vencer vicios y otros placeres, y finalmente, ofrezcamos todas estas obras, como muestra de nuestra penitencia.

Espero que con ello, busquemos realmente ser una comunidad, limando asperezas, y por sobretodo, tomar peso de la realidad que nos Envuelve: Somos hijos de Dios.

Si quieres mucho a tus amigos, esfuerzate por amarlos cada día más...
Si deseas hacer el bien, procura hacerlo con mayor caridad cada día...
Si deseas el perdón, haz penitencia y acude a la misericordia de Dios...
Si quieres ser un buen hijo de Dios, Ama a todos, como si fueran parte de ti mismo... Solo asi, amando a quienes vemos, que son tambien presencia de Cristo, amaremos a Dios Padre, a quien no vemos, por medio de Jesucristo.

El Señor, Dios de Misericordia y de Paz, les Bendiga abundantemente, y les conserve en su Paz.

Benedicat vos Omnipotens Deus +++

Hasta Siempre

MARCVM
S.S.D.
PD: Para quienes les gusta ver videos, les recomiendo el Siguiente:
http://www.youtube.com/watch?v=zw6995uGbaU&feature=related
(Me gustaría haberlo hecho a mi, pero weno.... Es genial...)
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Estimados todos:
Además, me gustaría compartir con ustedes algunas declaraciones de uno de los teólogos más importantes de nuestra iglesia, el antiguo Cardenal Ratzinger, hoy, nuestro querido Papa Benedicto XVI.:

Juan Pablo II había dicho que el infierno no es un lugar sino la situación de alguien que se ha alejado de Dios. Esta semana, Benedicto XVI reiteró una posición distinta: el infierno existe, es real y eterno, y no está vacío.

En comentarios ante el clero de Roma, el papa Ratzinger recordó que la salvación no es gratuita ni automática, ni llegará para todos. Y pidió para la Cuaresma ir más allá del ayuno alimenticio: crear un ayuno verbal, buscar zonas de silencio y abstraerse de los medios, a fin de poder reabrir los corazones.

Con su reiteración, el Papa alemán se distancia más respecto a la posición de su antecesor, el polaco Karol Wojtyla, en un asunto peliagudo: ¿es el infierno algo real, físico, o es una metáfora para hablar de la condición de quienes no logran la redención?

Como cada inicio de Cuaresma, el Papa se reunió con los sacerdotes a su cargo, los párrocos romanos, y entabló con ellos una conversación que duró alrededor de 100 minutos. Según el diario "La Repubblica", un sacerdote le preguntó acerca de la necesidad de que la Iglesia vuelva a tocar las “cuestiones finales”, como el pecado, el infierno y la vida después de la muerte.

El Papa respondió que nadie debe dar por sentado que la salvación se da en automático, y dijo que “no todos estaremos presentes en el banquete del paraíso”. Muchos tendrán que pasar por la purificación.

Según reconstrucciones de la prensa italiana, el Papa dijo que “quizás hoy en la Iglesia se habla demasiado poco del pecado, como también del paraíso y del infierno... También por esto he querido hablar del Juicio Universal en la encíclica Spe salvi (‘Salvados en esperanza’)”.

Curiosamente, en dicha encíclica del 30 de noviembre pasado, la palabra infierno mantiene un valor metafórico. Escribió Ratzinger:

“Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor... En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno”.

El 10 de abril de 2001, el entonces prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe dijo que “Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios”.

Pero hace menos de un año, Benedicto XVI habló de un infierno más literal. El 26 de marzo, hablando en la parroquia de Santa Felicidad e Hijos Mártires, dijo que “Jesús vino para decirnos que nos quiere a todos en el paraíso y que el infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para quienes se cierran el corazón a su amor”.

Así pues, las palabras a los párrocos romanos sólo reiteran una tesis que Ratzinger desea robustecer.

¿Cuál es la posición de la Iglesia en general? El Catecismo de la Iglesia católica tiene la suficiente ambigüedad para defender cualquier punto. El parágrafo 1033 dice que “Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ‘infierno’”.

Pero líneas adelante, el parágrafo 1035 señala que “La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ‘el fuego eterno’”.
Juan Pablo II dijo, en la audiencia del 28 de julio de 1999, que “Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría”.

Ese verano, Juan Pablo II dedicó varias audiencias a tocar los asuntos finales: el cielo, el infierno, el purgatorio y el diablo. Por ejemplo, dijo que el cielo no es “un lugar físico entre las nubes”, y que el Purgatorio carece de ubicación terrenal, pues se trata de un estado provisional de purificación. Y así por el estilo.

Algunos han visto en las palabras del Papa un retorno al pasado. Así leen el retorno a la misa preconciliar en latín, con el oficiante vuelto de espaldas a la congregación. Pero esto no explica, por ejemplo, cómo fue que en octubre de 2006 se adoptó la decisión de desaparecer el concepto del limbo.


¿Lleno o vacío?
Otro serio dilema que enfrenta la Iglesia es, sea cual sea la interpretación del infierno, la pregunta de si éste está lleno de los pecadores de todos los tiempos.

Después de todo, el Catecismo de la Iglesia católica dice claramente que quienes mueren en pecado mortal “descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte”.

Entra aquí la cuestión de la misericordia divina. El teólogo suizo Hans Urs von Balthasar dijo que Dios es la “realidad última” de las criaturas; si lo alcanzan, logran el cielo; si lo pierden, están en el infierno. Este mismo teólogo, aludiendo a la bondad infinita de Dios, sugirió que el infierno existe, pero podría estar vacío.

Juan Pablo II, negando dicha posibilidad y mencionando a los ángeles caídos (que ya optaron por cerrarse a Dios) dijo en el verano de 1999 que “La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella”. En otras palabras, sí hay muchos condenados, pero no toca a los hombres decir quiénes son.

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Fuertes Palabras de Su Santidad Benedicto XVI...
Esto, seguramente deja perplejos a muchos, e incluso algunos (quienes compartimos una idea similar), creemos que es la verdad.

Hagámosle caso al Papa (Por alguna vez en la vida), y escuchemos su mensaje... Busquemos a Dios en el Silencio... Abramos nuestro corazón a Dios, nuestro Señor.

Bendiciones in Christo.
+++

MARCVM
S.S.D.



La Sotana…

1º - El recuerdo constante del sacerdote  

Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego... ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.  


2º - Presencia de lo sobrenatural en el mundo 

No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes... Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos.  

Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento. 

Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.  


3º - Es de gran utilidad para los fieles 

El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado; es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas; si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.     
 

4º - Sirve para preservar de muchos peligros 

¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad.  

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más. 

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.  

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.  


5º - Ayuda desinteresada a los demás 

El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?     
 

6º - Impone la moderación en el vestir 

La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.  

Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.     
 

7º - Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia 

Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.


 

Bendiciones para todos.

Álvaro Millar G.

A Propósito de…

«Spes salvi»: Una encíclica que no tiene citas del Vaticano II


 
 

Es la nueva encíclica de Benedicto XVI, "Spe salvi" donde no hay ninguna cita del Concilio (una elección muy significativa), donde finalmente se vuelve a hablar del Infierno, del Paraíso y del Purgatorio (e incluso del Anticristo, aunque por medio de una cita de Kant), donde se llama a los horrores por su nombre (por ejemplo "comunismo", palabra que en el Concilio fue prohibida tanto de pronunciar como de condenar), donde en vez de saludar a los poderosos de este mundo se hace una mención del poderoso testimonio de los mártires cristianos, las víctimas, donde se deja de lado la retórica de las "religiones" afirmando que uno solo es el Salvador, donde se señala a María como "estrella de la esperanza" y donde se muestra que la confianza ciega en el (solo) progreso y en la (sola) ciencia lleva al desastre y a la desesperación.

Benedicto XVI, del Concilio, no cita ni siquiera la "Gaudium et Spes", que tiene en su título la palabra "esperanza", sino que barre el equívoco desastrosamente introducido en el mundo católico por esta que fue la principal constitución conciliar, "La Iglesia en el Mundo Moderno". De hecho el Papa invita en el número 22 a una " autocrítica del cristianismo moderno".

Especialmente sobre el concepto de "progreso". Por decirlo con Charles Péguy, "el cristianismo no es la religión del progreso, sino de la salvación". No que el "progreso" sea una cosa negativa, todo lo contrario, muchísimo de él se debe al cristianismo, como han demostrado libros recientes (pienso en el de Rodney Stark, "La Victoria de la Razón" y en el de Thomas Woods, "Como la Iglesia ha construido la Sociedad Occidental"). El problema es la "ideología del progreso", su transformación en utopía.

El peligro grave de la "Gaudium et Spes" y del Concilio fue mutar la virtud teologal de la "esperanza" en la noción mundana del "optimismo".

Dos cosas radicalmente antitéticas, porque, como escribió Ratzinger siendo cardenal en su libro "Mirar a Cristo": "el objetivo del optimismo es la utopía", mientras que la esperanza es "un don que ha sido dado y que recibimos de quien solo puede verdaderamente regalarlo: de ese Dios que ha puesto su tienda en la historia mediante Jesús ".

En la Iglesia del posconcilio el "optimismo" deviene una obligación yun nuevo superdogma. El peor pecado pasó a ser el de "pesimismo". Contribuyó a esto inclusive el ingenuo discurso de apertura del Concilio pronunciado por Juan XXIII, en el cual, el siglo de las más grandes persecuciones de los cristianos en toda la historia era visto en color de rosa y la emprendía con los considerados " profetas de desventuras":

"En las condiciones actuales de la sociedad humana", dice, "quienes no son capaces de ver sino problemas y ruinas; van diciendo que nuestros tiempos confrontados con los pasados, resultan en todo peores; y llegan al punto de comportarse como si no hubiese nada que aprender de a historia... Nos parece debemos disentir resueltamente con estos profetas de desventuras, que anuncian siempre lo peor, como si viniese el fin del mundo ".

Roncalli fue considerado por la apologética progresista como el depositario de un verdadero "espíritu profético", cosa que se le negó, por ejemplo a la Virgen de Fátima la cual, a su vez en 1917 ponía en guardia sobre horribles desastres, anunciando la gravedad del momento y el peligro mortal que representaba el comunismo con su arribo (tres meses después) a Rusia. Se verificó de hecho un océano de horrores y de sangre. Pero 40 años después, en 1962, alegremente, mientras el Vaticano aseguraba a Moscú que el Concilio no habría de condenar explícitamente el comunismo y mientras se "condenaba" a miles de vejaciones a santos como el Padre Pío, Juan XXIII anunció públicamente que la Iglesia del Concilio prefería evitar las "condenas" puesto que aun cuando " están penetrados por doctrinas falaces... los hombres por sí solos hoy día parece que están por condenarlas...".

Y de hecho, de allí a poco se llegará al máximo de expansión comunista en el mundo, no solo por medio de regímenes que iban desde el Trieste a la China y de Cuba a la Indochina, sino también con la explosión del '68 en los países occidentales que por decenios fueron devastados por la ideología del odio. Después de pocos años tras el cierre del Concilio, Paulo VI lanzaba el trágico diagnóstico de la Iglesia del "profético" optimismo roncalliano y conciliar:

"Se creía que después del Concilio habría de venir una época de sol para la historia de la Iglesia. En cambio ha sobrevenido una jornada de nubes y de tempestad, de ruido, de búsqueda, de inseguridades... La apertura al mundo ha resultado un verdadera y propia invasión del pensamiento secular en la Iglesia. Hemos sido muy débiles e imprudentes", "la Iglesia pasa por un período difícil de autodemolición", "por todas partes el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios ".

Y por esta leal admisión de los hechos el propio Paulo VI fue aislado como "pesimista" por el establishment clerical para el cual la sólo valía la religión del optimismo (además de hacer olvidar la enormidad de los peligros que pesaban sobre la humanidad y los dogmas como el pecado original y la existencia de Satanás y del infierno). Ratzinger en el libro citado tiene palabras de fuego contra esta sustitución de la "esperanza" por el "optimismo". Dice que " este optimismo metódico era producto por quienes deseaban la destrucción de la Iglesia, bajo capa de cobertura de la reforma", "el público optimismo era una especie de tranquilizante... con el objetivo de crear un clima como para deshacer en lo posible la Iglesia pacíficamente, y adquirir así dominio sobre ella ".

Ratzinger daba incluso un ejemplo personal. Cuando explotó el caso de su libro-entrevista con Vittorio Messori, "Informe sobre la Fe", donde se ilustraba con notas claras la situación de la Iglesia y del mundo, fue acusado de haber hecho un "l ibro pesimista. Por todas partes", escribía el Cardenal, "se intentó vetarme la venta, porque una herejía de esta magnitud no podía ser tolerada. Los que detentaban el poder de la opinión despreciaban el libro desde el índice. La nueva inquisición hizo sentir su fuerza. Queda demostrado una vez más que no hay peor pecado contra el espíritu de la época que ser culpable de falta de optimismo ".

Hoy Benedicto XVI, con esta encíclica de pensamiento fuerte (que valoriza por ejemplo a los "frankfurtianos"), finalmente pone en el desván el mantecoso "optimismo" roncalliano y conciliar, ese ideologismo facilón y conformista que ha hecho ponerse de rodillas a la Iglesia delante del mundo y la ha condenado a una de las más tremendas crisis de su historia. Así, la crítica implícita no es solo al posconcilio, a la "interpretación cautiva" del Concilio, sin también a algunas impostaciones del Concilio. Un teólogo del Concilio como fue Henri de Lubac (por otra parte citado en la Encíclica) escribía a propósito de la Gaudium et Spes: "se habla ahora de "concepción cristiana", pero bien poco de fe cristiana. Toda una corriente, en el momento actual, busca arrastrar a la Iglesia por medio del Concilio, a una pequeña mundanización". E incluso Karl Rahner dice que el "schemma 13" que resultó en la Gaudium et Spes, " reducía la entidad sobrenatural del cristianismo". ¡Bien Rahner! Ratzinger vivió el Concilio. Es el autor del discurso del Card. Frings en el que se demolió el viejo Santo Oficio, que no poco daño había hecho a la Iglesia. Y hoy el pontificado de Benedicto XVI está calificando como el acto de clausura de su época ruidosa. Clausura en la cual, atesorando las cosas buenas del Concilio, se vuelve a la belleza bimilenaria de la Iglesia. No tiene importancia que en la encíclica el Concilio no sea citado. Lo son San Pablo, y Gregorio Nazianceno, San Agustin y San Ambrosio, Santo Tomás y San Bernardo.

Una encíclica hermosa, hermosísima. Y poética, que habla al corazón del hombre, a su soledad y a sus deseos más profundos. Es aconsejable leerla y meditarla atentamente.


Por Antonio Socci.-
Atte. en Cristo

MARCVS S.S.D.