Quadragesima MMVIII (Cuaresma 2008)
La cuaresma nos habla de conversión, caridad, arrepentimiento. La liturgia del miércoles de cenizas nos dice que, al signar a cada fiel con la ceniza, el sacerdote pronuncia la frase:
"Arrepiéntete y cree en el Evangelio"
o bien:
"Recuerda, hombre, que de polvo eres, y en polvo te convertirás"
¡Qué más gran recuerdo nos puede hacer la liturgia sobre la finalidad de este gran tiempo que habemos de comenzar este miércoles de ceniza!
La vida en la tierra es efímera, muy corta, y por eso mismo, debemos aprovecharla al máximo para cumplir con la voluntad de Dios, y así hacernos acreedores de la herencia eterna, junto a Dios Padre, en el cielo.
Como se habrán dado cuenta, hoy repartieron la cajita de cuaresma, una iniciativa de nuestros obispos desde hace muchos años. Muchos de nosotros entregaremos dinero para esta causa, a través de la alcancía....
Pero, quiero proponerles algo:
Pensemos lo siguiente:
1.- Creemos nuestra propia alcancía Espiritual, que dirá: Cuaresma de Fraternidad 2008
2.- Pensemos en todos los inconvenientes que hemos tenido con nuestros hermanos, tanto en la familia, como en el lugar de trabajo, como en el mismo grupo misionero
3.- Ahora, escribamos todos estos problemas, y formas de solucionarlos.
4.- Luego, hagamos oración con ellos... Pidamos al Señor que nos dé fortaleza para poder soportar las debilidades de los demás, y para aceptar a todos tal cual son.
5.- Finalmente, utilicemos esta cuaresma, para que entreguemos, voluntariamente, nuestro tiempo y esfuerzo en corregir todos nuestros problemas, arreglar discordias, perdonar y buscar el perdón, alcanzar la misericordia de Dios, vencer vicios y otros placeres, y finalmente, ofrezcamos todas estas obras, como muestra de nuestra penitencia.
Espero que con ello, busquemos realmente ser una comunidad, limando asperezas, y por sobretodo, tomar peso de la realidad que nos Envuelve: Somos hijos de Dios.
Si quieres mucho a tus amigos, esfuerzate por amarlos cada día más...
Si deseas hacer el bien, procura hacerlo con mayor caridad cada día...
Si deseas el perdón, haz penitencia y acude a la misericordia de Dios...
Si quieres ser un buen hijo de Dios, Ama a todos, como si fueran parte de ti mismo... Solo asi, amando a quienes vemos, que son tambien presencia de Cristo, amaremos a Dios Padre, a quien no vemos, por medio de Jesucristo.
El Señor, Dios de Misericordia y de Paz, les Bendiga abundantemente, y les conserve en su Paz.
Benedicat vos Omnipotens Deus +++
Hasta Siempre
MARCVM
S.S.D.
(Me gustaría haberlo hecho a mi, pero weno.... Es genial...)
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Estimados todos:
Además, me gustaría compartir con ustedes algunas declaraciones de uno de los teólogos más importantes de nuestra iglesia, el antiguo Cardenal Ratzinger, hoy, nuestro querido Papa Benedicto XVI.:
Juan Pablo II había dicho que el infierno no es un lugar sino la situación de alguien que se ha alejado de Dios. Esta semana, Benedicto XVI reiteró una posición distinta: el infierno existe, es real y eterno, y no está vacío.
En comentarios ante el clero de Roma, el papa Ratzinger recordó que la salvación no es gratuita ni automática, ni llegará para todos. Y pidió para la Cuaresma ir más allá del ayuno alimenticio: crear un ayuno verbal, buscar zonas de silencio y abstraerse de los medios, a fin de poder reabrir los corazones.
Con su reiteración, el Papa alemán se distancia más respecto a la posición de su antecesor, el polaco Karol Wojtyla, en un asunto peliagudo: ¿es el infierno algo real, físico, o es una metáfora para hablar de la condición de quienes no logran la redención?
Como cada inicio de Cuaresma, el Papa se reunió con los sacerdotes a su cargo, los párrocos romanos, y entabló con ellos una conversación que duró alrededor de 100 minutos. Según el diario "La Repubblica", un sacerdote le preguntó acerca de la necesidad de que la Iglesia vuelva a tocar las “cuestiones finales”, como el pecado, el infierno y la vida después de la muerte.
El Papa respondió que nadie debe dar por sentado que la salvación se da en automático, y dijo que “no todos estaremos presentes en el banquete del paraíso”. Muchos tendrán que pasar por la purificación.
Según reconstrucciones de la prensa italiana, el Papa dijo que “quizás hoy en la Iglesia se habla demasiado poco del pecado, como también del paraíso y del infierno... También por esto he querido hablar del Juicio Universal en la encíclica Spe salvi (‘Salvados en esperanza’)”.
Curiosamente, en dicha encíclica del 30 de noviembre pasado, la palabra infierno mantiene un valor metafórico. Escribió Ratzinger:
“Puede haber personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor... En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra infierno”.
El 10 de abril de 2001, el entonces prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe dijo que “Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios”.
Pero hace menos de un año, Benedicto XVI habló de un infierno más literal. El 26 de marzo, hablando en la parroquia de Santa Felicidad e Hijos Mártires, dijo que “Jesús vino para decirnos que nos quiere a todos en el paraíso y que el infierno, del que se habla poco en nuestro tiempo, existe y es eterno para quienes se cierran el corazón a su amor”.
Así pues, las palabras a los párrocos romanos sólo reiteran una tesis que Ratzinger desea robustecer.
¿Cuál es la posición de la Iglesia en general? El Catecismo de la Iglesia católica tiene la suficiente ambigüedad para defender cualquier punto. El parágrafo 1033 dice que “Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ‘infierno’”.
Pero líneas adelante, el parágrafo 1035 señala que “La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ‘el fuego eterno’”.
Juan Pablo II dijo, en la audiencia del 28 de julio de 1999, que “Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría”.Ese verano, Juan Pablo II dedicó varias audiencias a tocar los asuntos finales: el cielo, el infierno, el purgatorio y el diablo. Por ejemplo, dijo que el cielo no es “un lugar físico entre las nubes”, y que el Purgatorio carece de ubicación terrenal, pues se trata de un estado provisional de purificación. Y así por el estilo.
Algunos han visto en las palabras del Papa un retorno al pasado. Así leen el retorno a la misa preconciliar en latín, con el oficiante vuelto de espaldas a la congregación. Pero esto no explica, por ejemplo, cómo fue que en octubre de 2006 se adoptó la decisión de desaparecer el concepto del limbo.
¿Lleno o vacío?
Otro serio dilema que enfrenta la Iglesia es, sea cual sea la interpretación del infierno, la pregunta de si éste está lleno de los pecadores de todos los tiempos.
Después de todo, el Catecismo de la Iglesia católica dice claramente que quienes mueren en pecado mortal “descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte”.
Entra aquí la cuestión de la misericordia divina. El teólogo suizo Hans Urs von Balthasar dijo que Dios es la “realidad última” de las criaturas; si lo alcanzan, logran el cielo; si lo pierden, están en el infierno. Este mismo teólogo, aludiendo a la bondad infinita de Dios, sugirió que el infierno existe, pero podría estar vacío.
Juan Pablo II, negando dicha posibilidad y mencionando a los ángeles caídos (que ya optaron por cerrarse a Dios) dijo en el verano de 1999 que “La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, si los seres humanos, y cuáles, han quedado implicados efectivamente en ella”. En otras palabras, sí hay muchos condenados, pero no toca a los hombres decir quiénes son.
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Fuertes Palabras de Su Santidad Benedicto XVI...
Esto, seguramente deja perplejos a muchos, e incluso algunos (quienes compartimos una idea similar), creemos que es la verdad.
Hagámosle caso al Papa (Por alguna vez en la vida), y escuchemos su mensaje... Busquemos a Dios en el Silencio... Abramos nuestro corazón a Dios, nuestro Señor.
Bendiciones in Christo.
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MARCVM
S.S.D.
